Y he aprendido a esperar sin razón… 29 septiembre 2010
Posted by elgatodeschroedinger in unos minutos.add a comment
Me acuerdo de que crío, a principios de los 80, oí esta frase en una canción de Radio Futura. Mi escaso juicio no era capaz de asimilar muchos conceptos destinados a un público con bastantes más años.
Sin embargo esa frase que da título al post se me quedó bien grabada en mi cabeza.
¿No es más lógico esperar con algún propósito concreto? En nuestra cultura actual, en la que esperar está considerado casi una herejía, y es casi sinónimo de “perder el tiempo”, no hay sitio para las actividades aparentemente “improductivas”.
Llevo más de un cuarto de siglo reflexionando sobre la dichosa frase. Siempre he sido partidario de que si puedo hacer algo, lo hago sin más esperas. Sin embargo también me he dado cuenta de que no siempre es necesario estar haciendo cosas continuamente.
A veces es necesario detenerse, parar de hacer cosas frenéticamente, y sentarse a esperar sin razón, y ver cómo pasa todo sin más. Porque al final, todo pasa. Es quizá un buen momento para reflexionar, antes de volver a ponerte en pie y continuar tu camino.
Lucha por lo que es ¿”tuyo”? 25 septiembre 2010
Posted by vparcraneal in última hora.add a comment
Lucha por lo que es tuyo.
Esta noche, la he disfrutado con amigos, y entre risas y cachondeo, ha salido esa frase. Seis palabras, de las cuales, me quedaría con tres: Lucha, es, tuyo. Siempre tiendo a minimizar todo, y no sólo eso. Aún me quedaría con la primera palabra y la última. Pero eh, ¿qué pasa con la del medio? Ese “es”, incordia en cierto sentido.
No “es” mío. O no sé si lo “es”. ¿Quién soy para decirdir lo que “es” de cada uno? Cuando adquieres una cosa, siempre tienes un recibo que justifica que “es” tuyo. En ocasiones, ese recibo puede ser ADN, no siempre será dinero. O vendrá avalado de cualquier otra forma.
Lo cierto es que sigue molestando ese “es”. Verbo copulativo -ser/estar/parecer-, en su forma indicativa, para 3ª persona de singular en presente. Si me pongo a jugar con estos tres verbos, observo que puedo sustituir la frase incial por Lucha por lo que parace tuyo. Con el verbo estar no termina de encajar, y tal vez -sólo tal vez- es por lo que no pueda lanzarme a luchar por ello. Puede “parecer” que es mío. Quizás, “es” mío. Pero, ¿y si no lo “es”? ¿Dónde, cómo, cuándo y por qué se acredita que sea “mío“?
Por otro lado, ¿y si fuera “mío”? ¿Y si eso que “parece” es mío? ¿Será la primera vez que no me esté dando cuenta de algo importante? Si me quedo con las tres palabras que minimicé la frase sería,
Lucha, es tuyo.
Si suprimo el molesto “es”, quedaría Lucha , tuyo. De esta forma, y mediante la amiga coma, tengo las dos palabras importantes: Lucha y tuyo. Sigo dudando que sea mío, por lo que sólo me quedaría, Lucha.
Mientras juego con las palabras, acabo de ver la frasecita de marras de otra forma. Y me gusta más,
Por lo que es tuyo, lucha.
Y sí. Creo que voy a luchar por ello. No sé si “es” mío o no, pero pudiera parecerlo, y ante eso, sólo me queda luchar.
Estupidez 21 septiembre 2010
Posted by vparcraneal in Hasta las tetas.add a comment
Cuando la estupidez hace presencia, la agudeza se avergüenza. La astucia y la inteligencia, se miran y sonrojan. El ingenio, la imaginación y el talento se esconden. Tan sólo queda la duda. Pero a ésta, ya la conocemos. No es capaz de tomar una decisión, y siempre va con miedo.
¿Por qué pasa esto cada vez que la estupidez aparece?
Porque asfixia a la Sensatez. Es tan efímero el tiempo en que pueden permanecer juntas que un suspiro se vuelve eterno.
Adiós, Estupidez.
Esclavos 21 septiembre 2010
Posted by elgatodeschroedinger in ¿por qué?.1 comment so far
Hay una anécdota de finales del siglo XIX, en los primeros años posteriores a la invención del teléfono. Un personaje fue a visitar a un amigo rico que tenía un teléfono. Habían quedado para tomar algo y charlar. Por entonces solo había unas pocas líneas telefónicas, claro, en manos de los más pudientes y que solamente comunicaban a los vecinos del centro de la entonces creciente Nueva York.
El caso es que dicho personaje se puso a charlar con su amigo y sonó el timbre del teléfono. El amigo, pide disculpas y se levanta para contestar la llamada, notoriamente excitado por la novedad del invento. Regresa, se sienta y siguen hablando. Pero vuelven a llamar y el amigo se vuelve a levantar, y así varias veces seguidas.
El amigo al final presume de artilugio tecnológico ante su invitado. Éste sin embargo le contesta que no ve ninguna utilidad en algo que te mantiene esclavizado y que te obliga a levantarte e interrumpir una charla con amigos siempre que otros, y no tú solo, te lo imponen.
Ahora vamos a actualizar la anécdota al día de hoy: y tú, ¿de qué eres esclavo?
Chopin, Nocturno no. 8 op. 27-2 9 septiembre 2010
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La caja de las sorpresas 8 septiembre 2010
Posted by elgatodeschroedinger in tiempo ganado.add a comment
Iban a ser unas vacaciones como todas las demás. ¿O tal vez no? Marchaba al mismo sitio de vacaciones, con la misma gente, llevaba el mismo equipaje, la misma época estival…
Todos los años se llevaba llena a rebosar la caja de sorpresas de su cabeza, y creía ser feliz así. En el fondo de la caja estaba lo más importante, y luego encima estaban un montón de planes y actividades que siempre pensaba hacer todos los veranos desde que tenía conocimiento.
Este año, sin saber bien por qué, se había dejado los planes en casa. Así que cuando llegó, desempaquetó las maletas y abrió la caja de las sorpresas como siempre.
Entre paseo y paseo por la arena, entre baño y baño, y debajo de la sombrilla, echaba un vistazo a la caja y se daba cuenta de que por primera vez en mucho tiempo podía ver y acceder al fondo de la misma. Metió el brazo y alcanzó a sacar con facilidad todo lo que le importaba en la vida.
Se dio cuenta de que tanta agenda superflua le había impedido el paso. Hasta ese día, siempre que metía la mano en la caja le había salido una obligación y un deber.
No sabe por qué sucedió así. El caso es que tuvo por fin la oportunidad de sacar su vida entera de la caja de sorpresas, observarla y meditar sobre ella.
Al volver supo que definitivamente no habían sido unas vacaciones como todas las demás.